Ser jesuita es…

Un pecador llamado, con otros, a seguir a Jesús que carga con la cruz a cuestas. Un hombre abierto a que Dios se le revele presente en todas las criaturas, trabajando en lo oculto y en lo patente. Un hombre apasionado, capaz de dejarse la piel sin perder la esperanza.

También conozco jesuitas heridos, resentidos, desesperanzados, desorientados… porque somos humanos. Conforme pasan los años, y van 27 desde que entré en el noviciado, percibo con paz todo lo que soy y tengo: las cualidades personales que aporto a la misión, las lagunas, los defectos, las heridas abiertas y las cicatrices sanadas… Y lo asumo con bastante paz en la medida en la que deposito mi fe en Dios, me dejo guiar, confío en su gracia. Muchas veces, como jesuita en misión, me he sentido arrastrado por la corriente de un río impetuoso, en el que no hago pie, y sin embargo seguro de que conmigo va la roca firme.

Pep Buades SJ