El amor en las obras, en las palabras…y en las decisiones

Probablemente tú y yo ya lo hemos experimentado. Las palabras sin hechos huelen a falsedad. Por otra parte, los hechos sin una frase que acompañe, tampoco nos dejan tranquilos, porque necesitamos algo donde apoyarnos. O al menos, un poco de cariño. Pero por mucho que nos empeñemos, poner solo el amor en las obras y en las palabras sería tomar a pelo a san Ignacio.

Vivir la espiritualidad ignaciana, y todo lo que conlleva, implica que siempre tenemos que decidir. Desde lo más trivial hasta lo más profundo. Y en ese recorrido vamos marcando la ruta hacia lo que nos motiva, nos inspira y, por qué no decirlo, nos acelera el corazón. Todo lo que hacemos y decimos está condicionado por aquello que más deseamos en el fondo de nosotros mismos. Vivir al estilo de Ignacio va más allá de utilizar un lenguaje ignaciano o poner más o menos pasión en las cosas. El tiempo, y sobre todo nuestras decisiones, evidenciarán qué es lo que más deseamos en la vida.

Habrá opciones que no te preocupen demasiado. Una cena familiar o un partido de fútbol, un retiro o un campo de trabajo, unas vacaciones con amigos o unos días en familia. Pero llegará un momento en que las decisiones te quitarán horas de sueño. Porque a veces lo conveniente no es realmente lo que habíamos soñado, ni tampoco lo mejor. Simplemente porque no lo podemos todo. Entonces, no valdrán ni las palabras ni los hechos y tendrás que utilizar el verbo amar conjugando el verbo elegir. Y lo que elijas denotará lo que realmente quieres.

Álvaro Lobo sj