Ya...pero todavía no

Uno de los aprendizajes de la música es que ésta tiene un tiempo, pero también tiene un tempo. La música pertenece a esos saberes que nos muestran la vida como algo que debemos acoger y entender de forma lenta y progresiva. No hay lecciones rápidas ni atajos, más bien está el deseo de disfrutar y gustar de las cosas, no de poseerlas ni controlarlas. 

Construir un proyecto de vida, descubrirlo, darle forma, confirmarlo, etc., es un proceso largo y lento. Y no necesariamente por su dificultad, sino más bien porque hay ciertas decisiones que necesitan tiempo para posarse, sea el estado de vida que sea. Por eso hay un ‘arte’ que se va aprendiendo con el tiempo, y que pasa por entender el lenguaje de Dios (a través de qué situaciones Dios me habla con más fuerza) y también el tiempo de Dios (que tiene que ver con esperar el momento adecuado).

Porque pensar en conseguir resultados a corto plazo, como lo conseguimos todo hoy en día, es engañarse. En este tiempo de adviento se nos pregunta dónde ponemos nuestro deseo, y si aceptamos el tiempo de Dios. Porque será cuando nos tomaremos todos nuestros aparentes éxitos o fracasos como oportunidades y no como finalidades en sí.

Señor, que sepa aceptar tu tiempo y los tempos que pones en mi vida