No hace falta ser un "héroe"

Pues me extraña que me digas eso… Pienso en Javier solo en un Oriente entonces lejano, desconocido y hostil; pienso en Pere Claver al servicio de los esclavos negros; pienso en Ellacuría testigo de la verdad a pesar de todas las amenazas… Me desconcierta que digas eso…

No me extraña tu desconcierto. También Ignacio de Loyola al comienzo de su conversión se planteaba qué heroísmos le pedía Dios, qué “cosas grandes” tenía que hacer: que si ayunos, que si penitencias extremas, que si entrar en la Cartuja… Y se comparaba con los “grandes”: “si San Francisco hizo esto, yo lo he de hacer”, “si Santo Domingo hizo esto, yo lo de hacer”… Luego descubrió que Dios le pedía algo más sencillo: “ayudar a las almas”. ¿Dónde y cómo? Eso se vería, eso importa menos: lo que importa es, de verdad, “ayudar”.

para vivir y trabajar en compañía de Jesús, basta con que quieras, de verdad, ayudar y servir a otros

El “héroe” está demasiado pendiente de su proyecto. Un “héroe” ha de ser un triunfador, y está pendiente de su triunfo. Y su criterio básico acaba siendo: aceptar lo que y a quien me ayuda a triunfar y excluir lo que y a quien me dificulta triunfar. El “héroe” es el protagonista de su vida, el centro, el punto de referencia: él no se pone al servicio de nadie, sino que todo y todos han de estar al servicio de su protagonismo.

Para la Compañía de Jesús, para vivir y trabajar en compañía de Jesús, basta (y no es poco…) con que quieras, de verdad, ayudar y servir a otros, especialmente a los más necesitados y pobres. Y ayudar y servir piden, siempre, renunciar a mi protagonismo y muchas veces renunciar a mi triunfo.

¿Y Javier, Claver, Ellacuría… y tantos otros? Hicieron cosas “heroicas” en su servicio pero no se vivieron ni buscaron ser “héroes”. Simplemente servir a los pobres en Compañía de Jesús.