Pensando en el futuro

Hace algunas semanas, en una reunión de confirmación, estuvimos hablando de la vocación.

Es en esos momentos cuando te das cuenta de que esta llamada, a pesar de la secularización y del rechazo que puede generar, sigue siendo todavía contracultural y capaz de despertar muchas preguntas. Uno de ellos me preguntó "¿cuándo dejaste de pensar en tener una familia y decidiste meterte a jesuita?". Para sorpresa de todos, mi respuesta fue que nunca. 

sigo en la Compañía porque de entre todas las opciones sé que esta es la mejor, porque es la apuesta que Dios hace por mí.

A mi edad, recién cumplidos los 27, todavía sigo pensando en que otra vida es posible. En que, empezar de nuevo, es todavía una opción. No estoy en la Compañía porque sea un descartado, porque no sea capaz de imaginarme en otros mundos y con otra vida. Creo tener unos pocos talentos; los suficientes como para imaginarme sin ser jesuita y llevando una vida buena. Podría tener una pareja, familia, trabajar de lo mío (periodista) o intentar vivir de mi otra vocación; el teatro. Pero la espiritualidad ignaciana no es la espiritualidad de lo bueno, sino la de lo mejor. Es la espiritualidad del magis. Y por eso, en medio de todas mis fugas mentales, sigo en la Compañía. Porque de entre todas las opciones sé que esta es la mejor, porque es la apuesta que Dios hace por mí. Y aunque pueda imaginarme en muchos otros lugares, en ninguno puedo hacerlo como aquí. Porque he experimentado que como jesuita he vivido una libertad ansiada que nunca antes he encontrado, que en la Compañía soy capaz de convivir mejor con mis mediocridades, mis heridas, mis defectos… Y que es aquí donde encuentro un mayor sentido a mis talentos, que me han sido dados para ponerlos al servicio de los demás y hacer que otros se sientan dichosos. Lo último en mi vida es el Señor, no la Compañía. Lo que pasa es que ya no puedo entender ese seguimiento si no es como jesuita. Porque es esta vocación la que da sentido a cuánto me rodea.

Así que no te preocupe si, aún sintiendo la llamada, eres capaz de vivirte de otro modo. Sólo piensa en cuál va a ser el mejor. Deja que sea el Señor quien te lo diga. Y puede que entonces descubras que hay un sitio para ti en la Compañía.