Me quiere...no me quiere

Toda decisión vocacional tiene una parte parecida a eso de deshojar la margarita, me quiere, no me quiere, me quiere… La cuestión es que ese ejercicio de deshojar la margarita no es un ejercicio de azar, según el número de pétalos de la flor, sino que en ignaciano sería un fruto del discernimiento; es decir, de ver si viene de Dios o sólo de mí mismo.

entender que la decisión viene de Dios será fruto de un proceso de discernimiento

Entender que la decisión viene de Dios será fruto de un proceso de discernimiento, donde a través de consolaciones y desolaciones, podamos determinarnos en un sentido de la decisión planteada. Algunos signos que nos ayudan a entender que es de Dios serían los propios de la consolación, que no es otra cosa que todo incremento de fe, esperanza y caridad. Si sientes que estás con una paz activa, alegre, con iniciativa, con una mirada optimista ante el futuro, y con un sentimiento como de amor; son señales generales de que lo de Dios esté cerca. En cambio, si las señales, son de inquietud, de estar como paralizado, con más miedo de lo normal, con oscuridad; son señales de que viene de otro sitio que no sea Dios.

Pasado un tiempo después de la decisión hay una fase que podemos llamar de confirmación. Si has sido feliz, si has crecido como persona, en tu capacidad de amar y de darte, es muy probable que esa decisión venga de Dios y así podrás terminar de deshojar la margarita diciendo “me quiere”.