Lo que sabemos hacer

Cuando entré en la Compañía llegué a dudar si lo hacía para dejar la carrera o si dejaba la carrera para ser jesuita. A veces se te atragantan los estudios, el trabajo… y necesitas un cambio radical. Y hoy día pocas cosas hay más radicales que entrar en una congregación. Sin embargo, con el tiempo, he ido descubriendo que más que huida fue una necesaria toma de perspectiva de mi profesión. Y que una cosa es la profesión y otra es la vocación. La diferencia es la iniciativa. En la profesión, indudablemente, la tienes tú, en la vocación todo depende del Otro.

 ¿Es incompatible la profesión con la vocación? No, desde luego. Nadie le pidió a Gerard Manley Hopkins sj que dejara a un lado la poesía, o a Teilhard de Chardin sj la paleontología, o a Christopher Clavius sj las matemáticas. Al contrario, para ellos y para tantos otros jesuitas, especialmente los hermanos, el ejercicio de su profesión fue ocasión de encuentro con Dios, para ellos y para los que les rodeaban.

En la profesión, indudablemente, la tienes tú, en la vocación todo depende del Otro.

 Quizás lo que nos pase es que al final acabamos haciendo lo que sabemos hacer, allá donde estemos, como suele decir un compañero jesuita. La clave está, para mí, en ser libre, disponible, para asumir una misión, una tarea que no nos pertenece y que no somos capaces de abarcar, por lo que a veces nos lleva a terrenos desconocidos y alejados de “lo que sabemos hacer”, de nuestra elección profesional.

Quizás lo que nos pase es que al final acabamos haciendo lo que sabemos hacer

De nuestra capacidad de responder en libertad a la misión dependerá que vivamos en clave de renuncia o de entrega. Quedándonos en el terreno conocido o lanzándonos a explorar el camino que el Espíritu nos señala.

 

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