Salir al rescate

Supongo que cuando uno habla de la vocación, las palabras tan tajantes como “siempre”, “nunca”, “todo” o “nada” resultan en ocasiones fruto de una revisión idealizada que es injusta con la realidad. En mi caso, ciertamente, decir que siempre he tenido clara mi vocación a la Compañía no respondería a la verdad de mi propia historia. Creo que, de hecho, empobrecería mi relación con Dios y la llamada que un día descubrí que Él me hace. Supongo entonces que se puede decir que gracias a Dios no lo he tenido siempre claro.

Dios no deja de sorprenderme saliendo constantemente al rescate de mis mediocridades

Porque algo que cada día me atrapa más del Señor es que no deja de sorprenderme saliendo constantemente al rescate de mis mediocridades, de mis deseos de pretender una seguridad que resulta falsa, de mi pecado, el incluso de mi tendencia a apropiarme de los dones que Él me ha dado. Y es con cada uno de estos tirones de oreja con los que descubro con mayor profundidad la presencia constante de Dios a mi lado en la vida cotidiana. Y es por esa sorpresa novedosa de cada día que mi confianza en Él va creciendo, adquiriendo nuevos matices, estando más realmente anclada en su amor que en mi voluntarismo.

Así que no, no lo he tenido siempre claro. Pero tras cada duda no me ha quedado más remedio que soltar un poco las amarras de mi vocación y dejar que Dios las coja un poco más. Y qué quieres que te diga, Él es mucho mejor marinero que yo.