Un apoyo necesario

La verdad es que mi familia siempre me ha apoyado en las decisiones que he ido tomando a lo largo de mi vida. El colegio en el que quise hacer el bachillerato, la carrera que quería estudiar (que no tenía muchas salidas pero me apasionaba), la residencia universitaria donde vivir…

Pero, lo cierto es que mi decisión de entrar en la Compañía les pilló de sorpresa, porque durante los primeros meses llevé bastante en secreto el discernimiento. Entonces, creo que tuvieron miedo de que fuera demasiado joven (tenía 19 años) y de que dejara mi carrera a medias. De hecho, me insinuaron varias veces que por qué no esperaba unos años y entraba en la Compañía con los estudios terminados. Pero, creo que me vieron tan convencido y sobre todo, tan feliz con la decisión, que enseguida me tomaron en serio y se volcaron para apoyarme en todo lo que necesitara.

Desde entonces, mi relación con ellos es más intensa. Es verdad que quizá nos vemos menos que antes, pero aprovechamos los momentos que tenemos para estar juntos, celebramos, nos apoyamos y respetamos nuestros espacios y tiempos. De hecho, como jesuita siempre me he sentido muy sostenido por mi familia, que además nunca ha sido invasiva, sino que ha sabido estar a mi lado e integrar a mis compañeros jesuitas como hermanos.

Photo by Tyler Nix on Unsplash