La confirmación de Dios

Qué fácil resultaría llamar a Dios por teléfono o ponerle un WhatsApp para escuchar de su propia voz la confirmación de la llamada a implicarnos en las causas justas que, desde los valores del Evangelio y la entrega total de nuestra vida, hemos sentido. Sin embargo, Dios no tiene móvil y es un poco reacio a la utilización de las Redes Sociales, Él prefiere confirmarnos a través de la vida de los otros y de signos muy sutiles que solo percibimos si estamos atentos a su paso por la historia.

Al releer el día agradezco a Dios por haberme permitido ser un pequeño grito de amor en el silencio 

Cuando abro la agenda de un día cualquiera y siento gusto e ilusión por lo que hago y soy siento que Dios me va confirmando en mi vocación y que me impulsa a seguir adelante entregando lo mejor de mí a los que Él ha puesto en mi camino para amarlos y servirles.

 Cierro la agenda y recuerdo la sonrisa de los niños en el aula de clase o en la sesión parroquial de catequesis; el agradecimiento de las personas enfermas cuando les puedo ayudar a mitigar con mi compañía su dolor; la gratitud de los migrantes que reconocen en mi saludo la acogida y el respeto a su dignidad; el abrazo de aquella persona LGTBI que siente que no la juzgo porque, más allá de su orientación sexual, la siento hermano o hermana; el gozo de las personas con las que cada tarde celebramos la Eucaristía dejándonos tocar por la Palabra y compartiendo el Pan que nos invita a ser pan partido y compartido…

 Al releer el día agradezco a Dios por haberme permitido ser un pequeño grito de amor en el silencio y siento que esto no puede ser invento mío, detrás de todo está Dios.