Una construcción duradera

 Cuando ves sentido a las cosas que vives deseas que duren. Y si les ves más sentido, y piensas que así eres feliz de verdad, entonces quieres que duren toda tu vida. Y esto, claro, no se hace de golpe. Se va construyendo poco a poco. Se prepara. Y esto le da garantía y fuerza.

Después de todo, mi vocación fue cosa de Dios

Cuando entré al noviciado, dejé la posibilidad de un buen trabajo, de fundar una familia en un futuro… pero lo hice porque llevaba ya un tiempo sintiendo interiormente que Dios me llamaba a la misión de dedicar mi vida a Él y a los demás desde Él , y a otro tipo de familia: unos compañeros que compartirían mi vocación, dentro de la Iglesia (otra gran familia); y de esta manera poder ser instrumento para ayudar a otros a vivir desde el amor, desde la paz, desde lo mejor, desde Jesús.

- Y ante la pregunta: ¿no dudaste después?. ¿No tuviste nunca deseos de cambiar de opción?.  Hay que reconocer que la vida es larga. Somos humanos y en ocasiones he sentido miedos (y los siento a veces), inseguridad, conciencia de los propios límites de mi persona… ¿Sabes lo que me ayuda?: el mirar tanto camino recorrido, con tantos motivos de agradecimiento a Dios y a tantas personas... También, me ayuda el mirar la vida en profundidad, no de modo disperso (en medio de las tareas cotidianas). Para ello, hay que pararse, rezar, ver cómo Dios está presente en mi vida, como lo ha estado siempre y lo seguirá estando.

Te fías de Él. Después de todo, mi vocación fue cosa de Dios. Y de la misma manera que estoy convencido de que Él quiso para mí esta vida como sacerdote jesuita, que agradezco tanto, seguirá acompañándome en el presente y en el futuro.

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