Apuesta, riesgo, respuesta

Muchas veces, los jóvenes con los que me muevo, me plantean la pregunta sobre si alguna vez me he arrepentido de ser Jesuita. Y la respuesta siempre es la misma. No.

Esto no significa que tenga todo claro y que desde el momento en que sentí que el Señor me podía llamar para la vida consagrada, haya sentido una certeza absoluta.

En la vocación no hay certeza, no hay seguridad, sino que hay apuesta, riesgo y respuesta. Y todo eso se entremezcla con las preguntas, las dudas, las inquietudes e inseguridades propias de cualquier opción radical de vida.

En la vocación no hay certeza, no hay seguridad, sino que hay apuesta, riesgo y respuesta

Durante los casi 25 años de Compañía que he vivido hasta ahora, puedo afirmar que nunca me he arrepentido de haber respondido a esta llamada que experimenté hace muchos años, pero que sigo viviendo a día de hoy, cada día como invitación a vivir en plenitud y a entregarme.

La propia vida ha ido corroborando que este es mi lugar en el mundo, que así me sueña Dios y así quiero yo también ser soñado. Cada día, en el examen de la noche me pregunto si el Señor me sigue recibiendo en esta vida y estado y considero un regalo que a pesar de mis fallos, infidelidades, limitaciones y fragilidades, Él sigue renovando cada día la invitación y llena de sentido mi vida desde esta vocación a la que me invita; al mismo tiempo que también acompaña las dudas y las inseguridades.