San León Mangín

Cuentan que cuando se acerca la hora de la muerte, si ésta es conocida, la vida ruge por resistir, por permanecer. Hay tantas reacciones como personas, pero el alivio, el miedo, la duda o el amor son ingredientes que se experimentan con extraordinaria intensidad en este tipo de ocasiones.

A León Ignacio Mangín, junto a más de mil personas, ese momento le llegó el 20 de julio de 1847. Envueltos en un conflicto civil en China, en el que eran objetivo de los boxers por el mero hecho de ser cristianos y que hubiera extranjeros entre ellos, ese día les rodearon en una iglesia. Mangín y su compañero jesuita Denn se colocaron en el altar para animar a la multitud. Desde fuera los armados boxers gritaban que sólo salvarían la vida si salían de allí. Mangín habló a sus fieles: “Quedémonos aquí”, les dijo, “¿qué importa si es ahora o después? Tarde o temprano nos veremos todos en el cielo.” Lo que vino después es un asesinato en masa, los boxers prendieron fuego a la iglesia mientras dispararon a los que estaban dentro empezando por los jesuitas y una mujer, María Zhu Wu, que se interpuso para salvarles.

Ellos supieron llevar el Evangelio a la realidad, hasta el final. Su ejemplo e historia nos anima a enfrentarnos a la vida y a la muerte, llegue cuándo y cómo sea, respondiendo con otra lógica. La de los que saben que sólo se puede ganar perdiendo.

Dibujo: Ignasi Flores