San Claudio de la Colombière

A Claudio de la Colombière le tocó vivir en un tiempo de crisis, convulso para los cristianos. Su vida fue corriente, la de un jesuita en la Europa del siglo XVII. Siempre vivió el futuro como una oportunidad para acercarse más a Dios y a las personas, sirviendo y amando.

Vivió la guerra, el destierro, trabajó en Inglaterra, fue encarcelado por celebrar la Eucaristía y cuidar de los católicos. Ninguno de esos avatares lo alejaron de su propósito. Fue transformando su corazón para que fuera como el de Jesucristo. Para tratar a las personas como lo hizo el propio Jesús. Aprendió a vaciarse de sí mismo para dejar hueco al Señor. Él mismo lo reconocía al cumplir treinta y tres años: "me parece, Señor, que ya es tiempo de que empiece a vivir en Ti y sólo para Ti, pues a mi edad, Tú quisiste morir por mí en particular."

Su encuentro en Paray-le-Monial con Margarita María de Alacoque fue clave para la santa. Como confesor le ayudó, “me exhortó a no tener miedo a los caminos del Señor, reiterándome a entregarme totalmente a Dios, para que Él me tratase como quisiera. El padre me enseñó a apreciar los dones de Dios y a recibir Sus comunicaciones con fe y humildad.".

Claudio siempre puso su confianza sólo en Dios. Quizás fue esto lo que siempre le ayudó a tener un buen norte. “A nadie engañó esta confianza. Ninguno de los que han esperado en el Señor ha quedado frustrado en su confianza.”

Dibujo: Ignasi Flores